CUANDO LA CATA ES LA TRAMA: DROPS OF GOD 2

22 de Enero de 2026 - Actualidad

La mejor serie de vino —la única capaz de poner en imágenes lo que ocurre en la mente de un catador— vuelve. Y lo hace subiendo el listón. Drops of God (gracias Apple TV+)en su segunda temporada, abandona definitivamente el terreno de la competición amable para adentrarse en algo mucho más incómodo y fascinante: el origen del gusto, la memoria sensorial y la construcción cultural del que los protagonistas reconocen como “el mejor vino del mundo”.

Si la primera temporada fue una oda visual a la cata de vinos —sus metáforas, recuerdos y asociaciones—, esta segunda entrega plantea una pregunta clave para vosotros, #WineStudents y profesionales del sector: ¿existe el mejor vino del mundo o solo distintas formas de entenderlo según el contexto, la historia y la cultura?

Una serie de vino más técnica y más adulta

Camille Léger (Fleur Geffrier) e Issei Tomine (Tomohisa Yamashita), ahora plenamente conscientes de su herencia y de su talento como catadores, se enfrentan a la última prueba diseñada por su padre, el legendario crítico Alexandre Léger. Una prueba que él mismo no logró resolver: descubrir el origen del mejor vino del mundo. Y aquí está una de las grandes virtudes de Drops of God: no se trata de identificar una etiqueta mítica ni una añada legendaria, sino de comprender el vino en su dimensión más profunda, donde se cruzan técnica, territorio, historia y emoción.

El viaje conduce a los protagonistas por Francia, España, Italia... y hasta Georgia, en un recorrido que es también un mapa conceptual del mundo del vino:

  • Tradición frente a reinterpretación
  • Precisión técnica frente a intuición
  • Vino como producto frente a vino como relato cultural
  • Viejo Mundo y nuevos viejos mundos del vino

La cata como lenguaje (y como herramienta formativa)

Desde un punto de vista técnico, la serie sigue siendo única en algo que a menudo olvidamos en la formación en vino: la cata no es solo un método, es un lenguaje. La serie representa con enorme acierto:

  • La memoria olfativa como archivo emocional
  • El peso del contexto en la percepción sensorial
  • La subjetividad inevitable incluso del catador experto
  • La tensión constante entre análisis técnico y emoción

Para quienes os estáis formando en sumillería o cultura del vino, esta temporada resulta especialmente valiosa porque cuestiona la cata entendida como examen. Aquí no se gana por acertar una variedad o una denominación, sino por entender por qué un vino importa en su tiempo y en su cultura.

Territorio, historia y verdades incómodas del vino

La presencia de países como España o Georgia no es anecdótica. La serie introduce, con inteligencia y sin didactismos, conceptos clave que trabajamos en clase:

  • El valor del vino ancestral y la tradición oral
  • La relevancia de los vinos preindustriales
  • El viñedo como origen frente al mercado
  • La tensión entre estandarización y singularidad

Especialmente revelador es el caso de Georgia, presentada no como una rareza exótica, sino como un recordatorio incómodo: mucho antes de Parker, antes de Burdeos y antes incluso del concepto moderno de sumiller, ya existía el vino como cultura, como ritual y como expresión humana.

Dos formas de catar el mundo

En esta segunda temporada, los personajes se desarrollan como metáfora de dos maneras de entender la cata de vinos. Issei representa la cata técnica llevada al extremo: método, precisión, memoria sensorial. Camille encarna la intuición, el desorden creativo y la capacidad de conectar vino y vida. Y la serie es clara: ninguno es suficiente por sí solo. Como ocurre con los grandes vinos, la excelencia aparece cuando técnica y emoción dejan de enfrentarse y empiezan a escucharse.

Drops of God no enseña a catar vinos, nos recuerda por qué empezamos a hacerlo. Porque muy pocas series han entendido tan bien que el vino no se aprende solo con libros o fichas de cata, sino con preguntas, viajes y, a casi siempre, con dudas. 

Y en esta segunda temporada, la duda es el verdadero tesoro.

Javier Fernández Piera - The Wine Studio